Usa tu cuerpo para demostrar que la evolución es cierta

Usa tu cuerpo para demostrar que la evolución es cierta

Este post va sobre ti. Concretamente, de las pruebas de la evolución que hay en tu cuerpo.

Aún hay millones de personas que no creen que la evolución es real. No saben que está basada en evidencias científicas y ponen en duda que Charles Darwin (y otros tantos) tienen razón con la evolución.

No quieres ser una de esas personas, ¿verdad?

Vas a buscar tus estructuras vestigiales como pruebas de la evolución

Antes de empezar a mirarte y tocarte, deberías saber qué buscar. Y lo que tienes que buscar son estructuras vestigiales.

Ojo: no órganos vestigiales como te enseñaron en el colegio, pues no todo lo vestigial es estrictamente un órgano.

¿Y qué son las estructuras vestigiales? Pues partes del cuerpo que han perdido, reducido o cambiado su función original a lo largo de la evolución de la especie. Como las espuelas que tienen algunas serpientes antes de la cola o estos huesos en los esqueletos de los cetáceos: vestigios de patas traseras que tenían sus antepasados.

esqueleto calderon delfin ballena pata vestigial
En rojo, huesos que corresponden a patas vestigiales en estas ballenas piloto, prueba del origen terrestre de los cetáceos. Foto: Mireia Querol Rovira
espolon serpiente organo vestigial
En esta Boa constrictor vista por debajo están marcados en rojo los espolones anales, vestigios de las patas traseras. Foto: Stefan3345

Además de partes del cuerpo, las características vestigiales también pueden ser comportamientos (por ejemplo el par de reflejos que tienes al final del artículo) o procesos bioquímicos.

¿Y por qué las estructuras vestigiales son pruebas de la evolución?

Ya sabes que la selección natural elimina características que no favorezcan la supervivencia de las especies y mantiene las que aumenten la supervivencia. Pero… ¿y las que ni son favorables ni desfavorables, digamos, indiferentes?

Pues suelen pasar a la siguiente generación.

Pero igualmente la selección natural intentará eliminarlas, porque total, ¿para que gastar energía y recursos en algo que ya casi no se usa? Lo que pasa es que tardan más en desaparecer que las desfavorables.

Lo cual nos viene genial porque esto indica que en nuestros antepasados estas estructuras sí que servían para algo importante. Y como prueba que han ido cambiando, evolucionando, hoy nos queda la estructura vestigial.

7 pruebas de la evolución que hay en tu cuerpo que puedes buscar desde ya

Existen pruebas de la evolución en el cuerpo que seguro conoces (como el famoso apéndice), pero las internas las dejaremos para otra ocasión. Hoy vamos a por las que puedes ver a simple vista.

Ya estás lista o listo para encontrar tus órganos estructuras vestigiales. Busca un espejo y vamos allá:

1. La plica semilunaris del ojo

Ya empezamos con nombres raros.

Tranquilidad.

Si tiene forma de media luna y está en el ojo, solo puede ser esto:

membrana nictitante plica semilunaris
Plica semilunaris. Foto: Mireia Querol Rovira

Ayuda un poco en el movimiento del ojo y a vaciar el lagrimal, pero poco más.

En otros animales, y seguramente en nuestros antepasados, esto corresponde con la membrana nictitante. Es como un tercer párpado: una membrana translúcida que protege el ojo y lo humedece sin que se pierda visibilidad.

Seguro que la has visto en documentales de tiburones cuando van a morder y ponen los ojos «en blanco». Si tienes gato fíjate, también se les ve, aunque no la tienen completa. Es muy común en aves, reptiles y anfibios. En primates, del grupo que somos nosotros, solo la tienen completa lemures y loris.

membrana nictitant aus aves tercer párpado
Membrana nictitante de la avefría militar (Vanellus miles). Foto: Toby Hudson

2. El tubérculo de Darwin de la oreja

A algunas personas les gustaría tener las orejas puntiagudas como los elfos. De manera natural no llegamos a tanto, pero sí que es verdad que el 10% de la gente tiene un bultito en la oreja, más o menos puntiagudo, que se llama tubérculo de Darwin.

No es más que un vestigio de la oreja puntiaguda de los primates. Y no sirve para nada, en principio.

Lo sé, ahora vas a mirar las orejas de todo el mundo a ver quién la tiene más puntiguda. Disimula, que luego te miran raro.

3. Los músculos que permiten mover (a algunos) las orejas

Mi abuelo podía mover las orejas y mi hermano también puede. Yo no.

Pero a parte de hacer la gracia, hoy no sirve de mucho que puedas moverlas. En cambio a nuestros antepasados sí, ya que los músculos que permiten hacer eso (músculos auriculares) dirigen los pabellones auditivos hacia donde viene el sonido.

Destacados en azul, músculos auriculares superior, inferior y posterior. Ilustración de Henry Gray. (Aquí tienes todas las ilustraciones de la verdadera Anatomía de Gray)

Lo has visto mil veces en perros, gatos y otros mamíferos, algunos primates no humanos incluídos.

Ya tienes la tercera prueba de la evolución.

4. El músculo palmar del brazo

Cuando era pequeña me llamaba la atención una cosa que me aparecía en el antebrazo cuando hacía fuerza. Porque a mis amigas no les aparecía.

Pues resulta que esa cosa era un músculo que ayudaba a nuestros antepasados a colgarse de rama en rama. Y es más largo en primates completamente arborícolas, como los lemures y más corto en los terrestres, como los gorilas.

Ahora entiendo por qué me gustaba tanto subirme a lo más alto de las barras de los parques infantiles.

Bromas a parte, ahora no tiene ninguna función, ni más fuerza de agarre ni nada. Pero si quieres comprobar si tú lo tienes:

  • Pon los brazos hacia arriba apoyados en una mesa.
  • Junta los dedos pulgar y meñique.
  • Levanta un poco la mano mientras aprietas un poco los dedos.
Yo tengo dos en el izquierdo y uno en el derecho. Foto: Mireia Querol Rovira

Tranquilidad si no te sale nada. El 16% de las personas caucásicas no lo tiene, ni el 31% de las nigerianas ni el 4,6% de las chinas.

5. Las muelas del juicio (esas que a veces duelen tanto, sí)

Hace mucho, mucho tiempo, nuestros antepasados tenían un tercer molar. Y tenían unas muelas grandotas comparadas con las nuestras.

Hoy, el 65% de la gente contínua teniendo una tercera muela. Y de esa gente, a mucha se la tienen que quitar, porque cuando sale puede doler a rabiar. Es la muela del juicio. También puedes ser el 35% afortunado al que nunca le ha salido la muela del juicio, como yo.

A mí no me ha salido la muela del juicio, solo tengo dos molares. Foto: Mireia Querol Rovira

La evolución de la mandíbula y el resto de la dentadura ha hecho que las muelas sean cada vez más pequeñas (tú dirás, de pasar a comer hojas y raíces duras a comer alimentos cocinados). Incluso ha llevado a la desaparición total de la muela del juicio en algunas personas.

Sigamos con más pruebas de la evolución:

6. El coxis (o el rabo que no fue)

Tócate la columna hasta el final y llegarás a un huesecillo (en realidad, 3-5 vértebras fusionadas) que se llama coxis (o cóccix). Popularmente se llama rabadilla porque viene, efectivamente, de rabo.

En rojo, el coxis. Foto: Mireia Querol Rovira

Y es que el coxis es un vestigio de rabo, de la cola de nuestros antepasados primates. Y la verdad es que los embriones humanos, durante la primeras semanas de gestación, tenemos una cola de 10 a 12 vértebras de largo.

Embrión humano de 5 semanas. Foto: Ed Uthman

Luego la genética hace lo que tiene que hacer. Inhibe el desarrollo de esta cola y se reabsorbe. Pero no siempre: se tiene conocimiento de por lo menos 40 bebés que nacieron con cola. Puedes ver uno aquí.

7. Los pezones que están de más

Continúo con historietas familiares.

Mi hermano tiene 3 pezones (y espero que no se enfade por contar esto a todo el mundo mundial) pero yo no. O sí, no sé, tengo como una peca rara debajo del pezón «de verdad». Así que comprueba tú si tienes algo que parezca una peca gorda o un pezón en miniatura y consulta con tu dermatólogo.

Pezón supernumerario bajo el pezón izquierdo. Foto: Zureks

Tienes que buscarlo en la línea mamilar, que va de la axila hasta la ingle (donde tienen los pezones los perros y gatos, para entendernos).

Un 5% de la población tiene más de dos pezones, así que no sería tan raro si te encuentras uno extra (o más, incluso hubo una persona que tenía OCHO).

Se cree que es un vestigio de cuando nuestros antepasados tenían más crías por parto (el número de pezones suele corresponder con el número medio de crías que tiene la madre).

Hay más pruebas de la evolución que no son estructuras físicas, sino comportamientos:

2 reflejos para probar la evolución

1. El reflejo de prensión palmar y plantar

También conocido como: cuando un bebé te agarra el pelo con una fuerza de mil demonios.

Mira este vídeo de 1934:

Hasta los 3-4 meses, los bebés pueden agarrarse con una fuerza capaz de aguantar su propio peso. Y esto también pasa en el pie: los bebés tienen el reflejo de agarrar cuando se les toca la planta del pie. Desaparece a los 9 meses.

Parece claro que son reflejos de cuando nuestros ancestros se agarraban al pelo de la madre y luego a las ramas.

Si ya digo yo que de algún lado tiene que venir esa obsesión de algunos niños y niñas de subirse a lo más alto del parque. Como yo hacía y ponía los pelos de punta a mi familia. Y mira, este ejemplo me viene al pelo para terminar con…

2. La piel de gallina

Casi no tienes pelo. Quiero decir, no te conozco, pero comparado con tu pariente más cercano, el chimpancé, seguro que tienes menos.

Y es que el pelo casi que se puede considerar también una estructura vestigial. Si aún tenemos, es para proteger partes sensibles (cerebro, ojos) o se ha mantenido por selección sexual (axilas, barba, pubis).

Cuando tienes frío o sientes emociones intensas (por ejemplo, escuchas una canción que «te toca la fibra», sientes miedo o estrés), hormonas como la adrenalina se ponen en marcha y provocan que se active el músculo piloerector.

pell de gallina
Piel de gallina. Foto: Ildar Sagdejev

Si todavía fueras un mono peludo, este reflejo involuntario haría que se te levantara mucho pelo y entonces:

  1. Se crearía una capa de aire caliente entre la piel y el exterior y no tendrías tanto frío.
  2. Parecerías más grande y podrías ahuyentar a depredadores o competidores.

Y si fueras un mamífero con púas, te serviría para erizarlas. De hecho, las púas son pelos modificados.

Este tenrec (Hemicentetes semispinosus) con pelos y púas erizados está listo para defenderse. Foto: Frank Vassen

Pero ahora lo único que consigues cuando se te eriza el vello es parecer una gallina desplumada.

Caprichos de la evolución.

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