En agosto podemos salir al campo a media tarde y encontrarnos con un paisaje que parece haberse quedado medio vacío: apenas se oyen aves, muchos animales han desaparecido de nuestra vista, los caracoles permanecen inmóviles y una buena parte de la vegetación presenta ese aspecto seco tan característico del verano mediterráneo. Después de la explosión de vida de la primavera, es fácil pensar que en estos meses la naturaleza entra en una especie de pausa hasta que regresan las lluvias y las temperaturas más suaves.
Pero ocurre justo lo contrario. La naturaleza no se detiene cuando llega el calor, cambia de estrategia y, precisamente por eso, muchas de las cosas más interesantes que están sucediendo pasan desapercibidas. Hay animales capaces de reducir enormemente su metabolismo y permanecer semanas prácticamente inmóviles, otros cambian sus horarios para evitar las horas más calurosas, algunos encuentran refugios térmicos en lugares que nosotros ni siquiera percibiríamos como diferentes y las plantas ponen en marcha mecanismos sorprendentes para conservar agua y seguir funcionando cuando las condiciones se complican.
En este artículo vamos a descubrir cómo sobreviven animales y plantas al calor del verano y, sobre todo, a aprender a mirar esta estación de otra manera, porque muchas de las estrategias que utilizan para resistir el calor y la sequía ocurren de forma tan silenciosa que apenas las percibimos.

